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El Evangelio según Pablo: Abrazando las Buenas Nuevas en el corazón de las enseñanzas de Pablo (Spanish Edition) - Softcover

MacArthur, John F.

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9780718086480: El Evangelio según Pablo: Abrazando las Buenas Nuevas en el corazón de las enseñanzas de Pablo (Spanish Edition)

Synopsis

El Evangelio Según San Pablo es una exploración reveladora de lo que el Apóstol Pablo realmente enseñó acerca de las buenas nuevas de Jesús. Nada es más importante que nuestra comprensión del evangelio. Debe ser entendido correctamente y comunicado con claridad. Este libro es una expresión clara y vibrante de la doctrina de la salvación. En un tiempo de oscuridad donde el evangelio de Jesucristo está bajo ataque desde todos los flancos, llega este ejemplar para defender el mensaje salvador de Jesucristo. Este está lleno de verdades atemporales reunidas en el evangelio de la gracia. Estas perspectivas de la vida y la enseñanza del Apóstol Pablo enriquecerán tu fe y fortalecerán tu comprensión de esta doctrina fundamental del Nuevo Testamento. Este libro le ayudará a:

  • Comprender el evangelio.
  • Tener una doctrina sana.
  • Conocer los elementos esenciales del evangelio.
  • Proclamar al mundo las Buenas Nuevas.

The Gospel According to Paul

The Gospel According to Paul is a revealing exploration of what the Apostle Paul taught about the good news of Jesus. Nothing is more important than our understanding of the gospel. It must be understood correctly and communicated clearly. This book is a clear and vibrant expression of the doctrine of salvation. In a time of darkness where the gospel of Jesus Christ is under attack from all sides, this book arrives to defend the redeeming message of Jesus Christ. It is full of timeless truths gathered in the gospel of grace. These give insights into the life and teaching of the Apostle Paul will enrich your faith and strengthen your understanding of this fundamental New Testament doctrine. This book will help you:

  • Understand the gospel.
  • Have a healthy doctrine.
  • Know the essential elements of the gospel.

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About the Author

John MacArthur (1939–2025) sirvió como pastor y maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, desde 1969 hasta su muerte en 2025. Su ministerio de predicación expositiva fue inigualable en su amplitud e influencia. En más de cinco décadas de ministerio desde el mismo púlpito, predicó versículo por versículo a través de todo el Nuevo Testamento y varias secciones clave del Antiguo Testamento. Fue canciller en The Master’s University y en The Master’s Seminary. Aún se le puede escuchar diariamente en la transmisión de radio Gracia a Vosotros, que se emite en cientos de estaciones de radio en todo el mundo. Fue autor de numerosos libros superventas, incluidos Doce hombres comunes y corrientes y Una vida perfecta.

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.

Pablo El Evangelio

By John MacArthur

Grupo Nelson

Copyright © 2017 John MacArthur
All rights reserved.
ISBN: 978-0-7180-8648-0

Contents

Introducción, xiii,
Capítulo 1: Cosas de primera importancia, 1,
Capítulo 2: Primero, las malas noticias, 23,
Capítulo 3: ¿Cómo se justifica una persona delante de Dios?, 47,
Capítulo 4: Sola fide, 59,
Capítulo 5: El gran intercambio, 75,
Capítulo 6: Vivos con Cristo, 95,
Capítulo 7: Las lecciones de la gracia, 113,
Epílogo: El testimonio de Pablo, 129,
Reconocimientos, 135,
Apéndice 1: En defensa de la expiación sustitutoria, 137,
Apéndice 2: Cristo murió por Dios, 153,
Apéndice 3: La razón de todo, 165,
Apéndice 4: El glorioso evangelio de Pablo; adaptado de sermones de C. H. Spurgeon, 173,
Glosario, 191,
Notas, 195,
Índice, 199,
Índice de Escrituras, 211,
Acerca del autor, 223,


CHAPTER 1

COSAS DE PRIMERA IMPORTANCIA

Fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

—Lucas 24.46, 47


El apóstol Pablo tenía un don extraordinario para dar luz al mensaje del evangelio con solo unas pocas palabras claras y bien elegidas. Sus epístolas están llenas de resúmenes del evangelio, de un versículo y brillantes. Cada uno de estos textos clave es diferente a los otros y cada uno tiene un énfasis distintivo que destaca algún aspecto esencial de las Buenas Nuevas. Cualquiera de ellos es capaz de destacar por sí solo como una potente declaración de verdad del evangelio. O poniéndonos todos juntos, tiene usted el marco para una comprensión global de la doctrina bíblica de la salvación.

Ese es el enfoque que adoptaré en este libro. Utilizando algunos de los principales textos evangelísticos de las epístolas de Pablo del Nuevo Testamento, examinaremos el evangelio tal como Pablo lo proclamó. Consideraremos varias preguntas importantes, entre las que se incluyen: ¿Qué es el evangelio? ¿Cuáles son los elementos esenciales del mensaje? ¿Cómo podemos estar seguros de entenderlo correctamente? ¿Cómo deberían los cristianos proclamar las Buenas Nuevas al mundo?


NINGÚN OTRO EVANGELIO

Pablo mismo podría haber comenzado un estudio de este tema declarando categóricamente que hay un solo evangelio verdadero. Cualquiera que sugiera que Pablo introdujo una versión alterada o adornada del mensaje apostólico tendría que contradecir cada punto que Pablo estableció acerca de la singularidad del verdadero evangelio. Aunque él expuso el evangelio de manera mucho más detallada y meticulosa que ningún otro escritor del Nuevo Testamento, nada de lo que Pablo predicó o escribió fue en ningún aspecto un alejamiento de lo que Cristo o sus apóstoles habían estado enseñando desde el principio. El evangelio de Pablo era exactamente el mismo mensaje que Cristo proclamó y encargó a los Doce que llevaran a todo el mundo. Hay un solo evangelio y es el mismo para judíos y gentiles por igual.

Fueron los falsos maestros, y no Pablo, quienes afirmaban que Dios les había designado para pulir o reescribir el evangelio. Pablo repudió claramente la idea de que el mensaje que Cristo envió a predicar a sus discípulos estaba sujeto a revisión (2 Corintios 11). Lejos de representarse a sí mismo como algún tipo de superapóstol enviado a corregir a los demás, Pablo escribió: «Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios» (1 Corintios 15.9).

Sin duda alguna, un factor importante que apartaba a Pablo de los otros era la abundancia de gracia divina que le había transformado de lo que él era antes (un feroz perseguidor de la iglesia) al hombre que conocemos por la Escritura (un apóstol de Cristo a los gentiles). El inmenso ámbito de la misericordia mostrada a Pablo nunca dejó de sorprenderle. Su respuesta, por tanto, fue trabajar con mucha más diligencia por la difusión del evangelio y el honor de Cristo a fin de aprovechar al máximo su llamado. Él escribió: «Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. Porque o sea yo [Pablo] o sean ellos [el resto de los apóstoles], así predicamos, y así habéis creído» (1 Corintios 15.10, 11). Observemos que él afirma expresamente que todos los apóstoles predicaban el mismo evangelio.

Sin embargo, hay una parte pequeña pero expresiva en la iglesia visible en la actualidad que niega que el evangelio de Pablo fuera el mismo mensaje que proclamó Pedro en Pentecostés. Denominándose a sí mismos «dispensacionalistas paulinos», enseñan que hay al menos tres mensajes del evangelio distintivos dados en el Nuevo Testamento, cada uno de ellos aplicable estrechamente a una dispensación diferente o a un grupo étnico concreto. Dicen que «el evangelio del reino» de Jesús (Mateo 9.35; 24.14) era un llamado al discipulado, juntamente con el anuncio y la oferta de un reino terrenal; cuando fue rechazado por la mayoría de aquellos que lo oyeron, se retiró la oferta y «el evangelio del reino» fue puesto a un lado.

Después está, dicen ellos, «el evangelio de la circuncisión» de Pedro (Gálatas 2.7) pertenecía únicamente a la nación judía. Era un llamado al arrepentimiento (Hechos 2.38; 3.19) y una citación a rendirse al señorío de Cristo (2.36). Este era el mensaje predicado por los apóstoles mientras la iglesia era predominantemente judía.

Pero, con la introducción de gentiles en la iglesia en Hechos 10, ellos afirman que Pablo introdujo un nuevo «evangelio de la incircuncisión» (Gálatas 2.7, 9). Ellos dicen que este mensaje paulino ha sustituido a esos dos evangelios anteriores; lo enseñan como un mensaje distintivo que no puede ser armonizado y no debe ser confundido con el evangelio según Jesús o el evangelio según Pedro. Además, insisten en que el evangelio de Pablo es el único evangelio que tiene una relevancia inmediata para la dispensación presente. En efecto, importantes partes del Nuevo Testamento, incluidos todos los sermones principales y discursos de Jesús, son relegadas a un lugar de menor importancia.

La mayoría de quienes sostienen estas perspectivas insisten también en que es equivocado hablar del señorío de Cristo en relación con el evangelio. La propia enseñanza de nuestro Señor sobre el costo del discipulado y el llamado de Pedro al arrepentimiento en Pentecostés son dejados a un lado por considerarlos irrelevantes para la dispensación presente. Cada uno de los temas que da a entender la autoridad de Cristo se considera una adición artificial al mensaje del evangelio, porque cualquier recordatorio de que Cristo merece nuestra obediencia supuestamente contamina la gracia con la implicación de obras.

Tal sistema desafía la Gran Comisión de Jesús: «Haced discípulos a todas las naciones [...] enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mateo 28.19, 20).

Pablo mismo habría sido un feroz oponente del «dispensacionalismo paulino». Él denunció vigorosamente la idea de múltiples evangelios; se esforzó para defender su estatus apostólico documentando su perfecto acuerdo con el resto de los apóstoles; dijo que aprendió el evangelio directamente de Cristo mismo, al igual que los demás; y subrayó la verdad de que el cristianismo auténtico tiene solamente «un Señor, una fe, un bautismo» (Efesios 4.5).

Como Pablo no era miembro del grupo apostólico original, y como su ministerio raras veces se cruzó directamente con el de ellos, su total acuerdo con ellos puede que no hubiera sido obvio desde el primer momento para todos. Además, en una ocasión, Pablo había estado en desacuerdo públicamente con Pedro (Gálatas 2.11–21). Ese desacuerdo no fue debido a ningún punto doctrinal, sino que tuvo que ver con la conducta potencialmente divisoria de Pedro respecto a algunos hermanos gentiles cuando Pedro estaba en presencia de algunos falsos maestros legalistas.

Pero un vistazo cuidadoso a los relatos bíblicos revelan que Pablo nunca dispuso ni su mensaje ni a sí mismo contra la predicación de los demás apóstoles. Incluso la expresión «mi evangelio» (Romanos 2.16; 16.25; 2 Timoteo 2.8) no fue una afirmación de propiedad o ascendencia exclusiva respecto a los demás. La expresión simplemente indica la profunda devoción personal de Pablo al mensaje que Cristo le había encomendado misericordiosamente que proclamara. Los apóstoles estaban todos en total acuerdo en lo tocante al contenido del evangelio y Pablo estaba preparado para demostrarlo. Él lo hace en Gálatas 1 — 2.


UNA BIOGRAFÍA ABREVIADA DE PABLO

En el proceso de documentar la prueba de su acuerdo con los demás, Pablo, quien normalmente evitaba hablar de sí mismo o de sus «visiones y revelaciones del Señor» (2 Corintios 12.1), nos da un raro trocito de biografía personal. Él fue el último de los apóstoles en convertirse y ser formalmente encomendado, «como a un abortivo» (1 Corintios 15.8). Humanamente hablando, él era probablemente la persona con menos posibilidades del universo para encontrar acuerdo y aceptación de los demás apóstoles. Bien conocido y temido por toda la iglesia primitiva como «Saulo de Tarso», entra en las páginas de las Escrituras como el perseguidor más temido y despiadado de los cristianos, «respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor» (Hechos 9.1). Entonces Cristo lo detuvo en seco un día en el camino de Damasco, transformando al instante su corazón y cambiando drásticamente todo el curso de su vida (vv. 3–19). En Filipenses 3, Pablo mismo describe cómo su conversión remodeló por completo toda su cosmovisión y religión. (Examinaremos ese pasaje en el epílogo de este libro).

Dada la reputación que Pablo había adquirido como brutal inquisidor, obviamente hubiera sido muy doloroso para él ir de inmediato a Jerusalén para intentar reunirse con los principales apóstoles. Así que en cambio, poco después de su conversión, fue al desierto para pasar un tiempo en aislamiento. En Gálatas 1.17, él dice «fui a Arabia». Eso es, sin lugar a dudas, una referencia al desierto de Nabatea Arabia, una región prácticamente desolada que cubre la península del Sinaí (un área conocida hoy como el Néguev). Regresó de allí a Damasco y comenzó su ministerio público antes ni siquiera de consultar (ni encontrarse personalmente) con ninguno de los Doce originales.

En la primera década y media del ministerio de Pablo, parece que el único con quien se reunió de los Doce fue Pedro, y eso ocurrió cuando Pablo finalmente regresó a Jerusalén, esta vez como cristiano. Por ese entonces, Pablo llevaba siendo cristiano al menos tres años. Se quedó con Pedro algo más de dos semanas (Gálatas 1.18). Quizá aún estaba intentando pasar de incógnito durante esa visita, porque el otro único líder de una iglesia al que vio Pablo fue «Jacobo, el hermano del Señor» (v. 19).

La idea que Pablo tanto quería plasmar cuando escribió esos destalles fue que él no aprendió lo que sabía del evangelio de ninguno de los otros apóstoles, sino que lo recibió directamente de Cristo mediante una revelación especial. «Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo» (Gálatas 1.11, 12).

Catorce años después de ese primer encuentro con Pedro, Pablo regresó a Jerusalén nuevamente (Gálatas 2.1). Esta fue probablemente la misma visita que se describe en Hechos 15. Los falsos maestros se habían extendido desde Jerusalén, «algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos» (Hechos 15.1). Como su enseñanza confundía y dividía a las iglesias predominantemente gentiles que Pablo había plantado, pareció urgentemente necesario para los apóstoles juntarse para dar una respuesta a los falsos maestros y anunciar de manera clara y pública el total acuerdo de los apóstoles respecto al único evangelio verdadero. De eso se trató el primer concilio de la iglesia que se describe en Hechos 15.

Durante esta visita, uno de los primeros puntos de la agenda de Pablo era reunirse en privado con los principales apóstoles para verificar entre ellos mismos que todos estuvieran de acuerdo respecto al contenido del evangelio. Este fue evidentemente el primer encuentro cara a cara de Pablo con el apóstol Juan (Gálatas 2.9).

Lejos de necesitar resolver algún desacuerdo respecto al evangelio o ajustar su predicación en cuanto a algún cambio dispensacional, todos los apóstoles estuvieron en total acuerdo. Pablo describe la escena de una forma que deja clara su profunda indiferencia hacia el prestigio personal, los títulos eclesiásticos u otros logros de estatura humana. Igualmente importante es el hecho de que no afirma en modo alguno indicios de superioridad respecto a los demás. No muestra sus credenciales académicas, ni cita las extraordinarias «visiones y revelaciones del Señor» que le habían sido dadas, como un profundo entendimiento del mensaje del evangelio (2 Corintios 12.1). No existe intención alguna de intimidar a los demás ni con sofisticación ni con santurronería. Él escribe:

Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas, a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer. (Gálatas 2.6–10)


Cuando Pablo dice que los líderes de la iglesia en Jerusalén «nada nuevo me comunicaron», se refiere a que no le dieron información nueva respecto a la verdad del evangelio. Ellos no intentaron en modo alguno revisar lo que él estaba predicando o matizarlo de otro modo. Vieron enseguida que a Pablo le había enseñado el mismo Maestro que les entrenó a ellos.

Este no habría sido el caso si Pablo hubiera estado predicando un mensaje distinto. Como Pablo mismo deja claro en ese primer capítulo de Gálatas, él mismo no lo habría tolerado ni por un instante si hubiera descubierto que los demás apóstoles (o un ángel del cielo, si fuera el caso) estaban predicando un evangelio distinto a la verdad que él había aprendido de Cristo. Del mismo modo, Pedro, Jacobo y Juan no habrían recibido a Pablo con tanta disposición si hubieran pensado que él estaba predicando algo distinto a lo que ellos habían aprendido de Cristo.

Así, cuando Pablo habla del «evangelio de la incircuncisión» y «el evangelio de la circuncisión» en el versículo 7 del texto citado arriba, queda muy claro por el contexto que se está refiriendo a dos audiencias distintas, no a dos evangelios distintos. En otras palabras, lo que diferenció al ministerio de Pablo del de Pedro fue solamente la etnia de la gente en la que ellos enfocaron sus respectivos ministerios y no el contenido de lo que predicaban.

Entonces Pablo continúa narrando la razón por la que él y Pedro habían tenido su famoso desacuerdo. No fue un desacuerdo respecto a la sustancia del mensaje del evangelio. El problema fue más bien que Pedro «no andaba rectamente conforme a la verdad del evangelio» (Gálatas 2.14). Estaba siendo hipócrita, negando de forma no intencionada mediante su conducta lo que había proclamado con su propia voz.

El punto de Pablo al narrar este incidente no es avergonzar o hacer de menos a Pedro, sino defender la integridad del evangelio. La solidez del evangelio es infinitamente más importante que la dignidad y el prestigio incluso de los apóstoles más eminentes, incluido Pablo mismo. La importancia de entender bien el evangelio supera incluso al honor del más alto ángel. Esta era coherentemente la posición de Pablo: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gálatas 1.8).

Pedro admitió implícitamente que merecía la reprensión de Pablo. En su segunda epístola se refirió a Pablo como «amado hermano Pablo». Reconoció la «sabiduría que le ha sido dada [a Pablo]». Ciertamente, citó los escritos de Pablo como «Escrituras». Y amonestó a sus lectores a que prestaran especial atención a los escritos de Pablo y tuvieran cuidado de cómo manejaban las cosas «difíciles de entender» en los escritos de Pablo, para que no torcieran la Palabra de Dios para su propia destrucción (2 Pedro 3.15, 16).


ASUNTOS DE PRIMERA IMPORTANCIA

Pablo mismo podría haber dicho que la forma más segura de torcer las Escrituras para nuestra propia destrucción es alterando el evangelio, o incluso tolerando de manera pasiva a quienes predican un evangelio modificado. Él advirtió de manera rigurosa a los lectores que tuvieran cuidado «si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado» (2 Corintios 11.4). Dijo que los evangelios alternativos están arraigados en el mismo tipo de engaño que usó la serpiente para engañar a Eva (v. 3).

Así que este tema resuena a lo largo de las epístolas inspiradas de Pablo: hay un solo evangelio.

Ese hecho se volverá incluso más claro según examinemos los principales textos del evangelio en las epístolas de Pablo. Las verdades que él defiende están todas arraigadas en la enseñanza de Cristo y todas ellas resuenan en la predicación de la iglesia primitiva. Cada página del Nuevo Testamento concuerda perfectamente. Desde las Bienaventuranzas de Jesús hasta el libro de Apocalipsis, el mensaje es coherente. Reconoce la desesperanza de la depravación humana, pero señala a Cristo como el único remedio para ese dilema. Comenzando con los datos históricos de su muerte y resurrección, proclama salvación mediante la gracia divina (y no mediante las propias obras del pecador); el perdón completo y gratuito de los pecados; la provisión de la justificación por fe; el principio de la justicia imputada; y la posición eternamente segura del creyente ante Dios. Esas verdades constituyen todas ellas el corazón del evangelio. Son asuntos «de primera importancia» (véase 1 Corintios 15.3) y el papel concreto de Pablo fue destacar y explicar todas estas facetas del evangelio con la mayor claridad y precisión.


(Continues...)
Excerpted from Pablo El Evangelio by John MacArthur. Copyright © 2017 John MacArthur. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
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