En Siete Hombres, Eric Metaxas, uno de los autores más leídos del New York Times, presenta siete retratos cortos exquisitamente elaborados sobre hombres cristianos ampliamente conocidos ―aunque no del todo comprendidos―, cada uno de los cuales demuestra de forma singular su compromiso de vivir, bajo determinadas virtudes, en la verdad del evangelio.
Escrito en un hermoso y cautivador estilo, 7 Hombres aborda lo que significa (o debería significar) ser un hombre en la actualidad, en donde los medios y la cultura popular nos muestran imágenes de masculinidad diferentes a las que observamos en las Escrituras y en la vida civil histórica. ¿Qué significa realmente ser un modelo ejemplar como padre, hermano, esposo, líder, instructor, consejero, agente de cambio y hombre sabio? ¿Qué significa ser símbolo de honestidad, coraje y caridad, especialmente cuando la cultura y el mundo van en contra de esos valores?
Cada una de las siete biografías representa la vida de un hombre que luchó y afrontó desafíos, haciéndose fuerte ante circunstancias que hubieran acabado con la determinación de cualquier otro hombre. Los siete personajes reseñados ―George Washington, William Wilberforce, Eric Liddell, Dietrich Bonhoeffer, Jackie Robinson, Juan Pablo II y Charles Colson― invitan al lector a seguir un camino y un estilo de vida superior, uno que sea reflejo del evangelio en el mundo que nos rodea.
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Eric Metaxas es el autor del best seller del New York Times Amazing Grace, Todo lo que siempre quisiste saber acerca de Dios pero temías preguntarlo y treinta libros para niños. Es fundador y organizador de Sócrates en la ciudad en la ciudad de Nueva York, donde vive con su esposa y su hija. Sus escritos han aparecido en el New York Times, Atlantic, Washington Post, Books & Culture, Christianity Today Marks Hill Review y Fist Things. Ha escrito para VeggieTales y Rabbit Ears Productions, ganando tres nominaciones al premio Grammy como la Mejor grabación de los niños.
| Introducción............................................................... | xiii |
| 1. George Washington....................................................... | 1 |
| 2. William Wilberforce..................................................... | 33 |
| 3. Eric Liddell............................................................ | 61 |
| 4. Dietrich Bonhoeffer..................................................... | 95 |
| 5. Jackie Robinson......................................................... | 121 |
| 6. Papa Juan Pablo II...................................................... | 149 |
| 7. Charles W. Colson....................................................... | 175 |
| Agradecimientos............................................................ | 207 |
| Notas...................................................................... | 209 |
| Índice..................................................................... | 217 |
| Acerca del autor........................................................... | 225 |
George Washington
1732–1799
Permíteme comenzar la primera biografía de este libro diciendoque aunque los siete grandes hombres tratados en sus páginasno estuvieran en orden cronológico, aun así empezaríaprobablemente con George Washington. Cuando se trata de la verdaderagrandeza, Washington es difícil de superar. Pero la grandezade alguien a veces le puede dar un aura de fama tan descomunal quecomenzamos a pensar en él no como una persona real, sino como unsuperhéroe de dibujos animados o una leyenda. Este es a menudo elcaso de Washington.
Como sabes, hay un estado que lleva su nombre (¿necesito decircuál?). Y la capital de nuestra nación lleva su nombre; tiene un obeliscoque se eleva en esa ciudad; el día de su cumpleaños es una fiesta nacional;y tiene un enorme puente con su nombre en mi ciudad natal, NuevaYork. Y por si todas estas cosas no son lo suficientemente impresionantes,¡su cara está en el billete de un dólar! (Tal vez eso ya lo sabías.)Así que, ¿quién piensa realmente en él como un ser humano de carne yhueso que luchó como todos luchamos y que era como cualquier otrapersona? Ese es el problema de ser tan famoso. A menudo la gente nopiensa en ti como persona para nada.
Si piensas en él, probablemente piensas en George Washingtoncomo ese viejo con la expresión un tanto amarga del billete de un dólarantes mencionado. En esa imagen de sobras conocida, luciendo un peloexcesivamente empolvado y con una camisa de encaje, se parece tantoa una mujer vieja como a un anciano.
Pero lo que he descubierto es que este famoso retrato nos ha dadoa muchos de nosotros una imagen escandalosamente falsa de lo queWashington realmente era. Se le presenta como un anciano con dolordental crónico, que no parece muy feliz por ello. Pero la realidad escompletamente diferente.
¿Y si te dijera que, en su día, George Washington fue consideradoel hombre más viril que la mayoría de la gente hubiera visto nunca?No es broma. Prácticamente todos los que le conocieron o le vieronparecían afirmarlo. Era alto y poderoso. También era a la vez audaz yelegante. En el campo de batalla, tenía varios caballos de tiro debajo deél; en la pista de baile, fue un compañero muy codiciado.
Hay tanto que decir acerca de Washington que es difícil saber pordónde empezar. Por un lado, era un hombre de enormes contradicciones.Por ejemplo, el hombre que llegó a ser conocido como el padre denuestro país nunca tuvo hijos. Y perdió a su propio padre cuando eraun niño. El que fuera considerado un hombre profundamente honorable,en realidad contó algunas mentiras tremendas cuando era joven,a pesar del episodio ficticio de Parson Weems sobre el cerezo: "Nopuedo mentir". Más que nadie, él fue el responsable de la liberaciónde los colonos americanos de la mayor potencia militar en la tierra, elImperio Británico, y sin embargo mantuvo a unos trescientos hombresnegros, mujeres y niños como esclavos en Mount Vernon.
Pero aquí viene la mayor contradicción: Washington era un jovenmuy ambicioso que trabajó duro para alcanzar la fama, la gloria, latierra y las riquezas; sin embargo, en un momento crucial de la historiade Estados Unidos, hizo algo tan desinteresado que es difícil decomprender plenamente. Es principalmente por esto que está incluidoen este libro.
Entonces, ¿qué hizo? En pocas palabras, renunció de forma voluntariaa un poder increíble. Cuando conoces los detalles de su sacrificio,es difícil creer que lo hizo por su propia voluntad. Y sin embargo,así fue. La tentación de no entregar todo ese poder debió haber sidoextraordinaria. Había muchas buenas razones para no renunciar aél, pero la historia registra que de alguna manera lo hizo. De algúnmodo llevó a cabo un gran sacrificio imposible y, al hacerlo, cambióradicalmente la historia del mundo. Si Washington no hubiera estadodispuesto a hacerlo, seguramente Estados Unidos no existiría tal comolo conocemos. Esto no es ninguna exageración.
Esta es la razón por la que los monumentos contemporáneos aWashington lo describen como un Moisés estadounidense, comoalguien prestado a los estadounidenses por Dios. Él fue el hombreadecuado para su tiempo ... podría decirse que fue el único hombreque podría haber dado a luz con éxito el experimento americano. Site preguntas si las acciones y el carácter de una persona importan, nonecesitas mirar más allá de la historia de George Washington. Así queaquí está.
* * *
George Washington nació el 22 de febrero de 1732, en lo quehoy es el condado de Westmoreland, Virginia. Fue el primerhijo de Mary Ball Washington y del productor de tabaco AugustineWashington. George tenía dos hermanastros mayores, Augustine yLawrence, y una hermanastra, Jane, que eran hijos del primer matrimoniode su padre. George también tuvo cinco hermanos menores:Samuel, Elizabeth, John, Charles y Mildred.
Augustine y Lawrence fueron enviados a Inglaterra para su educación,pero el padre de George murió cuando él solo contaba onceaños, lo que implicaba que la educación inglesa para él fuera financieramenteimposible. Él lamentaría este déficit en su educación durantetoda su larga vida. El hermano de George, Lawrence, que era catorceaños mayor, se convirtió en una figura paterna para él, alguien cuyoconsejo el joven George quería escuchar. En 1751 Lawrence llevóa un George de diecinueve años a Barbados, donde Lawrence esperabacurarse de la tuberculosis. Desgraciadamente, George contrajola viruela en aquel viaje. Aunque la enfermedad era peligrosa, en realidadresultó un acontecimiento tremendamente afortunado; Georgequedó inmunizado de la enfermedad a una edad temprana, lo queimpidió así futuros brotes cuando fue general. Durante la Guerra de laIndependencia, un gran número de soldados murieron por enfermedadmás que por ataques enemigos.
De joven, George visitaba con frecuencia la casa de Lawrence en elrío Potomac, que fue nombrado Mount Vernon. También visitaba conasiduidad Belvoir, propiedad de la familia política de Lawrence. Comoun biógrafo dijo, en Mount Vernon y Belvoir "George descubrió unmundo que nunca había conocido". En particular, Belvoir "era una granestructura, un escaparate de arquitectura elegantemente adornado conexquisitas piezas de fundición y ricos paneles y decorado con gusto, conmuebles y accesorios traídos de Inglaterra". George "se mezcló con elpueblo" en estos hogares, con "gente de influencia", adultos "instruidosy reflexivos, hombres que estaban acostumbrados a ejercer el poder".
El joven George estaba decidido a convertirse en uno de ellos, sobretodo en alguien como Lawrence, que no solo era un héroe de guerra,sino también un distinguido ayudante general de Virginia, miembrode la legislatura de Virginia, de la Casa de los Ciudadanos y, pormatrimonio, miembro de la socialmente prominente familia Fairfax.George se lanzó a aprender buenos modales, leer libros serios, vestirseadecuadamente y mejorar su carácter. Con el tiempo también llegó amedir casi dos metros, lo que le hacía mucho más alto que la mayoríade sus contemporáneos y le daba la apariencia heroica e imponente deun comandante nato.
Teniendo en cuenta su futura carrera, es ciertamente irónico quela madre de George se enfrentara a sus esfuerzos, con catorce años,por convertirse en oficial de la Marina Real. Pensó que semejante vidasería demasiado dura para su hijo, por lo que George decidió prepararsepara convertirse en agrimensor. Estaba ferozmente decidido aadquirir propiedades y riquezas, y una carrera en topografía podríallevarle a una rápida fortuna en tierra y dinero. En el momento en quecumplió veinte años, George poseía unas mil hectáreas de tierra en lafrontera de Virginia.
Pero ese mismo año, 1752, ocurrió una tragedia. El querido hermanode George, Lawrence, perdió su batalla contra la tuberculosis.La esposa y la hija de Lawrence también murieron a los pocos años.Esto significa que, en última instancia, George heredaría MountVernon, una finca que tuvo la ambición de ampliar y mejorar durantelas siguientes cuatro décadas.
Cuando tenía veintiún años, George centró una vez más su atenciónen la posibilidad de una carrera militar. Mediante la intervenciónde amigos influyentes, y a pesar del hecho de que George no teníaexperiencia militar, el gobernador de Virginia lo nombró comandantede la región militar sur de Virginia, un puesto que le dio el rango demayor. Este fue un acontecimiento inesperado, y no pasaría muchotiempo antes de que George tuviera la oportunidad de probar su valíade manera dramática ... y, en última instancia, histórica.
En el horizonte se alzaba la Guerra Francesa e India, en la quelos franceses y algunas de las tribus de nativos americanos se unieroncontra Gran Bretaña (incluyendo a los angloamericanos) por loque entonces se llamaba el territorio de Ohio: un área extensa, muchomás grande que el actual estado de Ohio. Tanto Francia como GranBretaña reclamaban este territorio, y en 1750 Francia envió un ejércitoallí y construyeron Fort Le Boeuf, a unos veinticuatro kilómetros dellago Erie, en lo que hoy es la esquina noroeste de Pensilvania. Aquelmovimiento agresivo de los franceses enfureció a muchos virginianos,en particular a los que poseían tierras en la región. ¿Qué hacer? Elgobernador de Virginia, Robert Dinwiddie, consultó a funcionariosde la Corona en Londres, quienes le aconsejaron enviar un emisarioa los franceses, haciéndoles saber de manera inequívoca que el territoriopertenecía a los ingleses y que habrían de retirar sus tropas deinmediato.
Cuando el joven George Washington se enteró de la necesidadde un mensajero que viajara a través de las montañas y del desiertodurante el inminente invierno, de inmediato se ofreció como el hombreindicado para el trabajo. El gobernador Dinwiddie aceptó la ofertade Washington y le dio también otras responsabilidades. Fue a espiarla tierra y el tamaño de las fuerzas francesas. También se le encargóque consultara con el llamado "medio-rey", el jefe de la tribu Seneca,la posibilidad de una unión con los británicos contra los franceses enel caso de que la guerra estallase. Y tratar de encontrar un buen lugarpara la construcción de una fortaleza inglesa en la zona, algo que erauna necesidad absoluta si la Compañía de Ohio, una empresa de especulaciónde la tierra de Virginia, lograba "ganar el título legal de loscientos de miles de hectáreas que se codiciaban en el país de Ohio".
Así que George, con veintiún años, partió con la carta del gobernadory seis compañeros. Pasaron semanas recorriendo los muchoskilómetros entre Virginia y Ohio, a través de un terreno interminablede nieve invernal, dirigiéndose a Fort Le Boeuf.
Cuando llegaron cerca de su destino, una patrulla francesa lesencontró y acompañaron a Washington y a sus hombres a la fortaleza.Los franceses les trataron cortésmente, como era la costumbre. Lesdieron la bienvenida, les dieron de comer, recibieron y leyeron la cartaque George les entregó y entonces le dieron su respuesta para llevarlade vuelta a Virginia. Pero como George sospechaba por las conversacionesque oyó, la respuesta no era la que esperaban los ingleses. Losfranceses declararon resueltamente que la tierra era suya. Si eso eracierto, las dos potencias mundiales pronto estarían en guerra.
George y sus hombres regresaron a casa con la carta en la quelos franceses reclamaban la tierra como suya, y él preparó un relatode su aventura, que se publicó en los periódicos coloniales. Su famase extendió también a través de Londres, cuando sus memorias sepublicaron en forma de folletín con el título The Journal of MajorGeorge Washington [El diario del mayor George Washington]. Era laprimera vez que los británicos oirían hablar de este joven valiente y,obviamente, no sería la última.
Ante el desafío francés, la Casa de los Ciudadanos se vio obligadaa tomar medidas. Los miembros votaron financiar lo que llamaronel Regimiento de Virginia, un ejército de voluntarios de trescientoshombres. Este regimiento viajaría al Valle de Ohio para ayudar en laconstrucción de una fortaleza que Dinwiddie consideraba esencialpara proteger los intereses británicos. El Regimiento de Virginia seríaconducido por un soldado británico con experiencia llamado coronelJoshua Fry. El ambicioso Washington presionó con éxito a amigospolíticos para que lo elevaran al rango de teniente coronel, y se unió alregimiento con este rango.
Pero Fry no podía dejar Virginia de inmediato, por lo que fue eljoven Washington quien se encargó de dirigir a 186 hombres al oestede Pensilvania. Al enterarse de que los franceses habían enviado unmillar de soldados para construir lo que iban a nombrar Fort Duquesne,Washington se encontró con un dilema. Tenía muchos menos hombresa su disposición que los franceses. Había estado instando a losindios para que se unieran a los británicos, pero no tenía forma desaber si realmente lo harían.
También temía repercusiones negativas si, en efecto, se rendíaantes de reunirse con las tropas francesas. ¿Debía esperar al coronelFry y los refuerzos? Se añadieron a la inquietud de Washington loscercanos y furtivos sonidos nocturnos de hombres. ¿Eran desertores osoldados franceses?
Los exploradores indios le dieron a Washington un mensaje aunmás confuso. Dijeron que una fuerza de soldados franceses se dirigíaen dirección a Washington con la esperanza de encontrarle y atacara los ingleses. Washington decidió quedarse donde estaba y dos díasmás tarde recibió más noticias de Christopher Gist, que había viajadocon él en su anterior periplo por el desierto de Ohio: un destacamentofrancés, de unos cincuenta hombres, se acercaba. Estos soldados"habían invadido las inmediaciones del refugio del desierto [de Gist],jurando matar a sus vacas y aplastar "todo lo que hubiera en la casa"".
Como señala un historiador, el inexperto Washington tomó "unadecisión crucial y violó las instrucciones de Dinwiddie para manteneral ejército dentro de sus fortificaciones". Washington envió a la mitadde sus hombres por delante y supo por un indio aliado que los franceseshabían sido vistos no muy lejos. Washington se llevó a cuarenta desus hombres en una marcha nocturna lluviosa, decidido a emprenderun ataque sorpresa. Lo que sucedió a la mañana siguiente de ese mayode 1754 simplemente supera la imaginación.
A su llegada, Washington descubrió a treinta y dos soldados francesespreparando con calma su desayuno. Por alguna razón desconocida,Washington ordenó a sus hombres que abrieran fuego, y una docenade los franceses fueron masacrados inmediatamente. Una vez que elhumo se disipó, el alférez francés Joseph Coulon de Villiers, Sieur deJumonville, intentó explicar a Washington que sus tropas estaban enuna misión diplomática. Pero en el momento en que "Jumonville leyóeste ultimátum, las cosas fueron infinitamente a peor: el medio-reydio un paso adelante, le abrió la cabeza [a Jumonville] con un hacha,introdujo sus manos en el cráneo, se las embadurnó con cerebro de lavíctima y le arrancó el cuero cabelludo".
Washington nunca olvidaría esta indescriptiblemente grotescaescena o los horrores demoníacos del caos que sobrevino. Los Senecaque viajaban con él ahora atacaban brutalmente y arrancaban el cuerocabelludo a los heridos franceses, empalando la cabeza de un hombreen una estaca. "Inmovilizado por la sed de sangre o por las horriblesvisiones que estaba contemplando por primera vez, Washington nohizo ningún intento por detener la matanza", escribe el biógrafo JohnFerling. Es posible que Washington no quisiera enemistarse con losindios al tratar de detener sus atrocidades.
Después de que todo hubiese terminado, Washington le escribióa Dinwiddie afirmando que los soldados franceses eran en realidad"espías de la peor clase", que pretendían preparar el terreno para unataque de los franceses. Esto podía haber sido cierto, el mensaje diplomáticode hecho podía haber sido un pretexto, pero a sabiendas de quesus prisioneros franceses tendrían su propia historia que contar sobrelo que pasó, Washington advirtió a Dinwiddie que no les creyera.
Sin duda, Washington tenía más cosas de qué preocuparse quede una posible condena de Dinwiddie. Cuando los líderes francesesde Fort Duquesne se enterasen de la matanza que había tenido lugaren contra de sus hombres, sin duda buscarían venganza. Washingtonordenó de inmediato a sus hombres que comenzaran la construcciónde lo que él llamaría Fort Necessity [Fuerte de la Necesidad]. Pero laubicación de la fortaleza estuvo bastante mal escogida: bosques y colinasrodeaban de cerca la fortaleza, lo que significaba que los francesespodrían acercarse a ellos y disparar a los ingleses como peces en unacharca.
Esto fue precisamente lo que ocurrió. Unos novecientos combatientesfranceses e indios llegaron bajo las órdenes de Louis Coulon deVilliers, hermano de Jumonville, y enseguida abrieron fuego. Despuésde haber matado o herido a una cuarta parte de los hombres deWashington, Villiers le preguntó a este si quería rendirse. Washingtonaccedió a hacerlo y, lo peor desde el punto de vista de sus antecedentes,firmó un documento en el que confesaba que Jumonville había sidoasesinado.
Excerpted from SIETE HOMBRES by ERIC METAXAS, Graciela Lelli. Copyright © 2013 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
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