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Simplemente Salsa/ Simply Salsa: Danza sin temor en la fiesta de Dios/ Dancing Without Fear at God's Fiesta (Spanish Edition) - Softcover

Eckles, Janet Pérez

  • 4.08 out of 5 stars
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9780789920829: Simplemente Salsa/ Simply Salsa: Danza sin temor en la fiesta de Dios/ Dancing Without Fear at God's Fiesta (Spanish Edition)

Synopsis

Con perspectiva bíblica, rara sensibilidad, apropiado sentido del humor y gracia latina, Simplemente salsa te ayudará a conocer el perfecto amor de Dios en la ciénaga de las circunstancias trágicas. Janet Pérez Eckles, a través de su ceguera física, nos ha dado una visión espiritual extraordinaria del amor redentor de Dios en un mundo caído.

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About the Author

Acerca de la autora:
La boliviana inmigrante JANET PÉREZ ECKLES podría ser la última mujer que esperarías que danzara de gozo. Perdió la vista a los treinta y un años de edad, sufrió la ruina financiera, soportó la infidelidad y enfrentó la incomprensible angustia por la muerte de su hijo de diecinueve años y el indulto del responsable. Sin embargo, con la gracia de Dios, Eckles ha aprendido a triunfar y danzar. Su travesía de sanidad ha enriquecido su pasión para inspirar y servir como maestra, ministra, líder, conferenciante y escritora.

From the Back Cover

¿Qué les impide a las mujeres danzar en la libertad de Dios? Con pasión y valentía, Simplemente salsa deja al descubierto las mentiras y los conceptos erróneos que encarcelan a las mujeres con infundadas inseguridades y sentimientos de incompetencia. Sin importar el grado de adversidad o dolor, Janet Eckles ha descubierto una alternativa para la tristeza, a través de la seguridad que solo se encuentra en el amor de Dios.


Con sus propias experiencias de la vida como testimonio, ¡Eckles te hará danzar!

From the Inside Flap

¿Bailar salsa? ¿Estás bromeando? No hay música ni baile que se pueda comparar con poner tu corazón a latir, tus pies a mover y tu sangre a fluir. Sin embargo, durante mi niñez se me dio a entender que no tenía el derecho de disfrutar mucho de cualquier cosa. Así que me controlaba, decidida a ser una «adulta» que viviera con sensatez, obedeciera las leyes del país y fingiera que no estaba aburrida con una vida tan insípida.


Cuando era adolescente, hasta me pasé cuatro meses en un convento, contemplando una vida entregada a la iglesia de Cristo. A pesar de eso, cuando enfrenté mi propia indignidad, aun en un lugar tan sagrado, salí de ese convento y no regresé a la iglesia por más de diez años. Después de todo, ¿para qué? Había probado eso de ser responsable, callada, respetuosa y religiosa, y todavía me sentía como una tremenda fracasada; entonces, ¿para qué molestarme? No es que dejara de creer en Dios, sino que decidí que no había manera de agradar al Señor, así que me parecía que era mejor que disfrutara yo.

Me había tomado veintiséis años comenzar a entender que ser responsable, callada y respetuosa, aunque son rasgos admirables, no eran suficientes. No eran suficientes para proveerme una vida gozosa, y ni siquiera lo eran para llevarme al cielo. Entonces, cuando decidí complacerme a mí misma y a distanciarme de mis raíces responsables y respetuosas, noté que la vida rebelde tampoco me volvía más gozosa.
¡Si hubiera tenido este libro durante esos años en los que rompía con todo! En Simplemente salsa, Janet Pérez Eckles le ofrece a una mujer como yo algunas maneras inspiradoras de hallar esperanza y gozo... sin congoja ni lamento.

En cambio, diez años después de salir de la iglesia, me di cuenta de que la rebelión tampoco me estaba dando muy buenos resultados. Para ese tiempo, mi madre y mis dos hermanos habían encontrado una relación personal con Jesús, pero yo me resistía con obstinación. Sin embargo, como mi vida personal se iba desintegrando a mi alrededor, comencé a preguntarme si no debía investigar lo que creían ellos.

Llamé a mi madre una cálida tarde de julio, y le conté el desastre en que había convertido mi vida. Fue tan amable que no me dijo: «Vaya, ¡qué sorpresa!». Más bien me dijo: «Necesitas a Cristo». Me dijo también un montón de otras cosas (la mayoría de las cuales pasé por alto), pero al final estuve de acuerdo en hablar con Dios sobre lo que estaba sintiendo... solo para soltar el teléfono).

Unos minutos después comprendí que me sentía sucia, y decidí darme un baño. Parada bajo la tibia ducha, tratando de arrancarme la tristeza, me di cuenta que mi suciedad no la llevaba por fuera. No obstante, ¿cómo se lava la suciedad del alma?

Al salir del baño, recordé la promesa que le hice a mi madre y pensé que una pequeña conversación con Cristo no era mala idea.

Me puse alguna ropa, me fui al cuarto y me arrodillé junto a mi cama. Cuando cerré los ojos, me vi de repente entre una gran multitud en un camino polvoriento. Algunos llorando, otros burlándose, se esforzaban por ver algo. Estiré también la cabeza para ver el objeto de su atención.

Entonces vi a Jesús. Llevaba su cruz, con el rostro y el cuerpo bañado en sangre y sudor mientras avanzaba a tropezones. Cuando llegó cerca de mí, yo también lloraba. Y entonces se detuvo. Alzando la cabeza, me miró a los ojos y pronunció cinco palabras que cambiaron mi vida para siempre: «Lo hice por ti».

Esos años en que era «buena» me venían a la mente, incluso los momentos en que comprendía que jamás sería lo suficiente buena. En ese momento, comprendí que no tenía que hacer nada: ¡Jesús ya lo había hecho todo! El don de la vida abundante estaba a mi disposición.

Ah, si hubiera habido una orquesta de salsa por allí en ese momento, ¡me hubiera puesto de pie de un salto y hubiera danzado con todo el corazón! Sin embargo, en la radio de estilo rock que tenía de fondo, el presentador radial anunció de repente una canción especial para alguien «por ahí» que necesitaba oírla: «Día feliz» por los Edwin Hawkins Singers. Y ah, ¡qué día más feliz fue! Mis pecados quedaron lavados de veras, y mi corazón cantó, mi espíritu danzó, y sabía que nunca más sería la misma.

Y, por supuesto, no lo he sido. Aunque a veces en los siguientes treinta y siete años he permitido que las ocupaciones de la vida, el temor al fracaso, el sentimiento de culpa por viejos pecados, y aun la presión de querer agradar y actuar combaten la música que nació en mi corazón ese día, Jesús siempre me llama de nuevo.

«Dancemos», me dice. «Recuerda, lo hice por ti».
Y sonrío, dejando que el ritmo y el compás de la celebración gozosa fluyan en mi espíritu una vez más.

En este libro, Simplemente salsa: Cómo danzar sin temor en el party de Dios, Janet Eckles describe un momento tras otro en la vida (la suya y las de otros) en el que las ocupaciones, la tragedia, el temor, la culpa y la ansiedad combaten la música que Jesús quiere tocar en nuestro corazón. Y una y otra vez, Janet testifica del poder de Dios para transformar esos momentos de llanto o temblor en una emocionante invitación a danzar.

Me hubiera encantado tener este libro de Janet en mis primeros días de aprender cómo danzar de veras a través de la vida con mi mano en la mano de Jesús. Aun así, por lo menos lo tengo ahora... y puedo animar a otras a conseguirlo también, no solo para ellas, sino para sus amigas. Este es un alegre, pero profundo libro que les habla a las mujeres de todos los niveles, ya sea que estén revolcadas en el fango de la autocompasión, avanzando a duras penas por la culpa sin fin, tratando de dejar atrás el temor o solo perdiéndose el éxtasis de una vida llena de danza. No tiene que ser de esa manera... y Simplemente salsa se escribió para ayudarte a entender eso.

Únete a nosotros en la fiesta celestial. ¡No hay nada en esta tierra por la que valga la pena perder esta danza!

Kathi Macías
Premiada autora de más de treinta libros, incluso las novelas «Extreme Devotion» (New Hope Publishers)

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