Durante los últimos treinta años del siglo pasado y los transcurri-dos del actual se han manifestado cambios de gran calado y largo alcance en el reino del profesionalismo. Transformaciones que incitan a repensar y estudiar los modos de organización, las funciones y el comportamiento profesional de los grupos profesionales en las ins-tituciones donde actúan, pero también a explorar los discursos, las prácticas, así como las habilidades que estos ponen en juego en las áreas donde se localizan sus respectivos campos de intervención y experiencia. En términos generales, es evidente, mutaciones tan rápidas y, con frecuencia, tan diluyentes, que afectan a las sociedades más o menos avanzadas de nuestro tiempo, no solo influyen y modifican el universo profesional en lo global, lo local y lo personal sino también en las más diversas estructuras institucionales, tanto en sus dimensiones más económico-laborales, políticas y sociales como en las personales y culturales. Estudiar las profesiones permite tratar de conocerlas para apoyar bien los pies en el suelo y lograr que los campos de saberes que se configuren y se constituyan en torno a ellas superen la especulación sin correlatos reales, el deductivismo abstracto y la generalización vacua que con frecuencia atraviesa cierto disciplinarismo presente.