About the Authors
H. P. Lovecraft (1890-1937, Providence) es el principal maestro del terror moderno y comparte su senda con Clive Barker y Stephen King. La «nueva carne» de Barker en la década de los ochenta estaba ya en el maestro de Providence: la subversión de lo humano por entidades extradimensionales. King escribe acerca de un regionalismo pavoroso afincado en Maine, y Lovecraft, de una Nueva Inglaterra mágica y decadente. Pero la clave en Lovecraft es su estilo literario, en el cual lo siniestro está sugerido y oculto: lo que no se cuenta produce verdadero terror. Las críticas sobre sus descripciones prolijas e imposibles son vanas si entendemos que el autor trata de demostrar que es absurdo concretar lo que es ajeno a nosotros cuando no hay palabras para simbolizarlo. Así son los monstruos de Lovecraft, un terror cósmico de entidades que no pueden conocerse, porque si damos un paso más allá, llegaremos a la locura del saber prohibido. Lo innominado es siempre lo pavoroso. Por este motivo, sus personajes suelen acabar trágicamente. Lovecraft era un gran pesimista y ateo, con gran afición por la ciencia astronómica desde su juventud. En su perspectiva del universo, el ser humano es una circunstancia intrascendente frente a fuerzas inexplicables del espacio exterior y multidimensional. Creo su sothotería, como él llamaba a su corpus mitológico, utilizando los recursos de la literatura esotérica, en la que no creía, como buen materialista, pero que le sirvió para divertirse estéticamente. Sus propias fobias físicas, el racismo de clase social acomodada venida a menos y esa fascinación por la Inglaterra del siglo XVIII crean un cóctel creativo que encontramos en sus relatos. H. P. Lovecraft fue un personaje curioso, anclado en el pasado y refugiado en sus libros y en sus sueños. Pero pudo salir de las costumbres rancias de Providence utilizando un recurso propio del siglo XVIII: utilizar la correspondencia como vehículo de comunicación. A lo largo de los años fluyeron miles de cartas escritas por su pluma, llegaron los contactos que formarían el llamado círculo de Lovecraft y también llegaría la apertura de su mente hacia valores más democráticos y comprensivos de unos Estados Unidos que se estaba formando como un país multicultural. Sus fobias habían quedado ancladas en sus textos sobre los Dioses Primigenios y su pesimismo sobre la insignificante raza humana había dado paso al disfrute estético compartido con los amigos como verdadero caballero diletante.
Robert Bloch (1917, Chicago/1994, Los Ángeles) fue un escritor prolífico con cientos de relatos publicados y decenas de novelas. De origen judío, estuvo vinculado en sus inicios a la revista Weird Tales como sus colegas del círculo de Lovecraft, para quienes recibía el sobrenombre de Bho-Block. Junto a Henry Kuttner, fueron los dos escritores más jóvenes del círculo. Aporta a los mitos de Cthulhu la creación de dos libros malditos: De vermis mysteriis y Cultes des goules. Tuvo una gran amistad con H. P. Lovecraft, el cual lo convierte en Robert Blake en el relato El que acecha en la oscuridad, escrito en 1935. El propio Bloch continuaría la historia después de la muerte del maestro en su relato La sombra que huyó del chapitel (The shadow from the steeple, 1950). En otro de sus relatos, El vampiro estelar (The shambler from the stars, 1935), mata al alter ego de Lovecraft como revancha por el fallecimiento de Blake, con toda la complicidad sarcástica del maestro de Providence. Una de sus obras tardías de los mitos de Cthulhu sería El horror que nos acecha (Strange eons, 1978), más en la estela de August Derleth. Robert Bloch se hizo mundialmente famoso por su autoría de la novela Psicosis (Psycho, 1959) que Alfred Hitchcock adaptó para la gran pantalla un año después.
De sangre inglesa por parte de madre y prusiana por parte de padre, por las venas de Henry Kuttner (1915, Los Ángeles/1958, Santa Mónica) corría una estirpe cabalística al ser nieto del rabino Josua Heschel Kuttner. Mantuvo una estrecha colaboración literaria con su esposa, la también escritora de género fantástico Catherine L. Moore (Shambleau, 1933), en las décadas de los cuarenta y los cincuenta, Moore fue una de las primeras mujeres que dedicó todo su tiempo y esfuerzo a crear obras de género fantástico. Para su trabajo en común utilizaron numerosos seudónimos, entre los que destacan Lawrence O’Donnell, Lewis Padgett o Keith Hammond, y aparecieron en revistas de la época como Weird Tales, Startling Stories o Amazing Stories. Subido al carro del llamado círculo de Lovecraft, Kuttner publica su primer relato de los mitos de Cthulhu, Las ratas del cementerio (The graveyard rats, Weird Tales, 1936). La historia se ambienta también en un Salem mítico y tenebroso, como en el relato El subterráneo. Otra obra de los mitos a destacar es su colaboración con Robert Bloch, El beso negro (The black kiss, 1937). Llamado Khut’N’hah para sus colegas del círculo, creó la entidad flamígera Vorvadoss, Señor de los Espacios Universales, en el relato El devorador de almas (The eater of souls, 1937) y a Zushakon, hijo de Ubbo-Sathla (deidad creada por Clark Ashton Smith), en Las campanas del horror (Bells of horror, 1939). Francisco Arellano recopiló los relatos de Kuttner sobre los mitos de Cthulhu en la excelente antología: La criatura de allende el infinito (La Biblioteca del Laberinto, Madrid, 2012).
Robert Barbour Johnson (1907-1987) fue artista y escritor, y muy admirado por Lovecraft. Nació en una familia de ferroviarios (Hopkinsville, Kentucky) y el gusto por los relatos de terror le viene desde la juventud cuando compraba la revista Weird Tales. Se formó como periodista y llegó a trabajar en el The New Orleans Item. También trabajó como agente de prensa de un circo itinerante y llegó a crear un espectáculo con gatos amaestrados. Su vida cambió cuando, en la década de los treinta, se muda a San Francisco, atraído por el clima de hospitalidad de los círculos artísticos y literarios. Allí entró en contacto con Clark Ashton Smith, pero también con el satanista Anton LaVey, y se hizo admirador de Charles Ford (autor de El libro de los condenados [The book of the damned, 1919], manual de hechos extraños y paranormales). En 1940 se unió a la Fortean Society, que promovía sus ideas. Publicó, en el apogeo de Weird Tales, relatos como Soldados de plomo (Lead soldiers, 1935) ―después de leer esta historia, Lovecraft le escribió una carta de admiración―, Ellos (They, 1936) y Ratones (Mice, 1936).
A Hugh B. Cave (1910, Chester, Inglaterra/2004, Vero Beach, Florida), sus padres le pusieron ese nombre por el novelista Hugh Walpole. Su familia emigró a Boston poco después del comienzo de la Gran Guerra. Cave fue un escritor hiperactivo que escribió todo tipo de géneros, entre los que destacaron el terror, la ciencia ficción y la intriga y el misterio. En la década de los treinta escribió más de ochocientas historias; su presencia en las revistas de la época muestra un catálogo de las publicaciones de entonces: La máquina de la muerte (The murder machine), en Astounding (1930); La galería del vampiro (The ghoul gallery), en Weird Tales (1932); Stragella, en Strange Tales (1932); La profecía (The prophecy), en Black Book (1934); De noche se arrastran (By night they creep) y La mujer del monstruo (Mate for a monster), ambos en Horror Stories (1935); Esclavo de Satanás (Enslaved to Satan) y La muerte toca la campana (Death holds the ransom), ambas en Terror Tales (1935); Hombres retorcidos (The twisted men), en Thrilling Mystery (1936); Derrelicto (Derelict), en Adventure (1937), y La puerta de la muerte (Death’s door) en Detective Short Stories (1940). Dentro del género de terror destacan sus góticos paisajes rurales y sus personajes diabólicos de regusto local, antecedentes, sin duda, de la obra de Stephen King.
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