Una mirada lírica al nacimiento del Mesías con humor y misterio
Este drama bíblico en verso transporta al lector a un mundo de pastores, ángeles y un sabio desvío de Luzbel que añade fantasía y tensión a la historia tradicional. Entre escenas de campiñas y templos, la acción alterna canción y diálogo para revelar la llegada del Niño en Belén, con un tono que combina lo sagrado y lo humano.
Sigues el viaje de personajes sencillos que sueñan con la unión, la fe y la celebración, mientras se cruzan lo celestial y lo terrenal. A través de cuatro actos y dieciocho cuadros, la obra maneja el humor, la intriga y la devoción en un marco teatral que invita a pensar sobre el bien, la tentación y la revelación.
- Disfruta de escenas musicales y corales que señalan momentos clave de la historia.
- Conoce a pastorcillos, José, María y figuras alegóricas que enriquecen el relato.
- Vive la lucha entre fuerzas luminosas y oscuras que rodea la llegada del Niño.
- Sumérgete en un mundo de imágenes y rimas que buscan conmover y divertir.
Ideal para lectores que buscan una versión teatral y poética del nacimiento, con un enfoque dinámico y accesible para todo público.
Nacido en Madrid, mes y medio antes de finalizar 1939, Manuel González es el segundo varón en el seno de una familia numerosa que, una vez constituida, tuvo a bien instalar su residencia en la estrecha calle de Campomanes, muy cercana a los jardines de la espléndida Plaza de Oriente. Sin hacer una biografía privada, que no es el caso, su actividad profesional después de aquellos lejanos estudios realizados ha estado siempre vinculada con la Ingeniería en el desarrollo y gestión de proyectos para la definición del equipamiento eléctrico que interviene en la construcción y funcionamiento de las centrales de producción de energía eléctrica. Aunque esta especialidad técnica contraste con esa otra noble y prolifera cultura literaria, Manuel siempre ha añorado aquellos tiempos pasados del bachillerato en los que se leían los versos de los clásicos en la asignatura de Literatura. Una vez alcanzada su jubilación y siendo contrario al ocio improductivo, dedicó gran tiempo en conseguir a través de Internet multitud de cuadros de diversos pintores a los que suplantaba los rostros de los retratados por otros de sus familiares o de él mismo, aplicando un programa de tratamiento de imágenes. Tiempo después, continuando con experimentar nuevas experiencias, se le ocurrió que aquellos elaborados cuadros podrían expresarse con sencillos versos que, con un cierto aliño de humor, cumplieran otro atractivo. Y habiendo llegado a la cifra de cien composiciones y a pesar de la tardía ocurrencia, tuvo entonces la osada decisión de editar con ellas su primer libro: Convivencias con la pintura y el verso.