Synopsis
Roberto Longhi (1890-1970) is regarded by Italians as their most important art critic, art historian, and prose stylist of this century, with unsurpassed powers of observation and description. This book is a new English version of the third edition (1963) of Longhi's seminal work on the Renaissance painter Piero della Francesca, with an introduction by Metropolitan Museum of Art curator Keith Christiansen. In the New York Review of Books, Francis Haskell wrote, Roberto Longhi is "the most brilliant Italian art historian of our century and a stylist of intoxicating powers . . . few of his very idiosyncratic works have been translated into English; but thanks to the enterprise of the Sheep Meadow Press, this situation is at last being remedied."
"With the exception of Walter Pater, it is difficult to think of a critic whose work is so close to the art it embraces that it becomes itself a kind of art. Yet Pater's criticism is always on the verge of metamorphosing into poetry. With Longhi, the scholar and the poet are seamlessly fused, resulting in prose that is palpable and radiant as the Renaissance paintings he describes so meticulously: an object of rare beauty indeed."--John Ashbery
From the Back Cover
En el panorama del Quattrocento italiano Piero della Francesca es uno de sus maestros más originales, una isla en el territorio de frontera que es la segunda mitad del siglo xv. Llevado por la curiosidad del humanismo, el mundo soltaba los últimos lastres tardomedievales para adentrarse en nuevos escenarios sociales, económicos y culturales sobre los que se construiría la Edad Moderna. Piero es una figura clave, una bisagra, entre las historias antiguas y moralizantes de la Edad Media y el arte del Renacimiento. Su obsesión por reducir sus composiciones a las proporciones divinas de la geometría, el gusto refinado por la simetría en la fusión y la alternancia de las formas y los colores y la observación entre científica y poética de la naturaleza, constituyen el carácter inconfundible de su obra, a la vez monumental y sensible. Sin embargo, casi noventa años después de la muerte del pintor, Michel de Montaigne pasaría por el lugar donde nació y murió, Borgo del Santo Sepolcro, sin hacer mención alguna en su diario ni de él ni de ninguna de sus obras: ni una sombra, ni un recuerdo, la memoria del artista no había llegado al siglo. Su redescubrimiento se lo debemos en buena media a Roberto Longhi, que no sólo lo reubica en el mapa del arte italiano, sino que extiende su influencia de Venecia a Sicilia, de Bellini a Antonello, haciendo pivotar todo el primer Renacimiento en torno a él. Desde la edición original del Piero della Francesca en 1927, se han publicado centenares de ensayos y monografías sobre el artista, algunos de los cuales han complementado el estudio del maestro, pero el de Longhi sigue siendo la pieza fundamental de todo estudio sobre el pintor. El retraso de casi un siglo respecto a su publicación en Italia se explica por la dificultad de verter el texto a nuestra lengua, reto brillantemente superado en la traducción que se ofrece por primera vez al lector español de una obra hasta ahora reputada como intraducible.
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