Synopsis
Como se advertirá con suma facilidad este libro no pretende componer una sinfonía y su índole rapsódica se compadece bien con los tiempos, al permitir una lectura lineal, pero también picotear en los epígrafes que resulten más atractivos para quien decida leerlo. Ante la expectativa de vivir una Tercera Guerra Mundial y vernos cercados por las muertes que causan los conflictos bélicos en las poblaciones civiles, parece un tanto frívolo hablar de las bondades que pueda tener nuestra muerte biológica para la vida, pero a la filosofía le corresponde encarar las cosas con luces largas y, como diría Spinoza, sub specie aeternitatis, esa eternidad que nos está vedada en cuanto seres mortales, aunque nuestro paso por este mundo pueda contribuir a ensanchar las fronteras de nuestro infinito e inabarcable universo simbólico. También cabría hablar de algo tan significativo como esa muerte cívica que decretan ciertas políticas empeñadas en manipularlos cual zombis reducidos a la mercadotecnia. Sin embargo, todo ello daría más bien para otro par de libros, dedicados a la pseudopolítica de nuestro tiempo, empeñado en reproducir las condiciones económico-sociales que acabaron con la República de Weimar, dando paso al nazismo. El malestar social que sufren sobre todo las nuevas generaciones es rentabilizado por una política sin entrañas propia de politicastros (por decirlo con Juan de Mairena), interesada en privatizar la esfera pública y rematar al maltrecho Montesquieu, desacreditando la socialdemocracia y el Estado de bienestar, al volver del revés la triada revolucionaria que fundó políticamente nuestra modernidad en el Siglo de las Luces. Ahora prima una Ilustración Oscura que pretende restaurar el imperio de la superstición, mediante unos bulos y patrañas cuyo sensacionalismo invade las redes. La posverdad y los hechos alternativos desbancan los datos e informaciones bien acreditados, negando evidencias tales como que la tierra es plana o se da una emergencia climática que hará inhabitable nuestro planeta, si antes un holocausto nuclear no hace realidad la última secuencia que cierra El planeta de los simios. Por añadidura, la Inteligencia Artificial, que podría reportar grandes beneficios a la humanidad, si se utilizara con una brújula moral que guiara su desarrollo, por ahora concentra sus aplicaciones en el campo militar, sin reparar en los daños colaterales y las víctimas inocentes, porque sin supervisión humana la responsabilidad se diluye y las matanzas reales acaban siendo banalizadas como si fueran un videojuego donde cabe comenzar una nueva partida sin más. A esto se añade la poca empatía que destila el reaccionario pensamiento neofascista y ultra-neoliberal.
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