G.G. Melies

Tenía la piedra angular que necesita todo escritor para convertirse en grande. La tenía Hermann Hesse en su “El lobo estepario”, cualquier escritor ruso observando encerrado la nieve desde una cabaña, viendo quizás pasar a un lobo la misma estepa, o algún inglés criado en un duro orfanato durante la revolución industrial. También la tenía Yasunari Kawabata que tiempo después de escribir “Un país de nieve” (catalogado como uno de los cien mejores libros de la humanidad) abrió las llaves de gas de su casa frente al mar. Lo que yo tenía era una magnífica y hermosa depresión. Ideal para escribir, ¿no?.

Veinticuatro horas antes de empezar a escribir mi primer libro no tenía idea de que lo haría, ni siquiera se había cruzado por mi mente. Por esos días me había propuesto desafiarme con la lectura, debido a que había notado que cada día leía menos. Ningún libro solo artículos de revistas o Internet, ojeaba como japonés de atrás hacia adelante, y ni terminaba lo que empezaba. Pero ese no era el problema…, olvidaba todo lo que me decían, tampoco concurría a reuniones sociales, no quería salir de casa, dejé de usar celular, evitaba atender el teléfono o pedía que otro lo haga por mí porque no deseaba hablar con tal o cual persona, mis viejos amigos en la calle me preguntaban por qué no tenía cuenta en Facebook, me cansaba explicar, hablar o que me hablen mucho…, sentí que mi mente se apagaba, se perdía, hasta que mi coherencia lo detectó. Mientras me debatía estas cosas, en una brutal crisis económica familiar de esas que no parecen terminar, y cuidaba a mamá en esa habitación del PAMI I (policlínico para jubilados) de la ciudad de Rosario en Argentina, entre exigencias a enfermeros de que adelanten la morfina, aunque sea unos minutos antes del horario, creo que mi mente quiso huir de la situación, de esa silla, de esa habitación. Imposibilitado de hacerlo..., solo Marte estaba a mi alcance.

Aún creo ser joven, así que decidí darle batalla, empezar de temprano. No le tengo miedo a la muerte pero si a terminar perdido mentalmente siendo una carga a mis hijos. El cerebro es un músculo, a usarlo entonces. Decidí retomar la lectura, y buscando en el tiempo cuando realmente la disfrutaba libre del asedio de los problemas de la vida adulta, comencé a rememorar esos viejos libros de mi juventud, y como soy un clásico modelo ´71, me gustan los clásicos…, Verne, Doyle, Dumas, Asimov… . Razoné que no se trataba solo de libros de ciencia ficción, había un común denominador…, eran libros de exploración. Eran expediciones a mundos fantásticos, escondidos, perdidos y lejanos donde un grupete de amigos o desconocidos, unidos en pos de la aventura y el descubrimiento cometía hazañas imposibles. Hasta que encontré en YouTube esa ¡INCREIBLE! entrevista de los años ´80 a “Isaac Asimov previendo el impacto de Internet”. Y aunque algunos me aseguran que lo vieron hace un rato tomarse el DeLorean acá en la esquina para ir a dar esa entrevista (hasta se parece al Doc.), lo que a mí me impactó fue cuando explicaba que uno sigue su veta a su tiempo y a su manera. Y así es cuando buscamos en Internet, en ese derrotero inconsciente terminamos en algo que nos interesa habiendo empezado por otra cosa. Así di con esa entrevista, viendo imágenes de retrofuturismo steampunk, dieselpunk, etc. Me encanta analizar como veían el futuro en esos dibujos coloridos vintage de tapas de revistas y libros de la edad de oro de la ciencia ficción. Esas portadas de robots de chapa, con luces en su cabeza secuestrando a una chica en bikini de caderas cincuentonas o sesentonas gritando aterrada, con el protagonista tratando de rescatarla usando una antigua escafandra de buzo para salir al espacio con una pistola de rayos laser art decó, me es hoy motivo de análisis socio-cultural. Y allí detecté mi veta pasional dormida. La extrañaba y no me había dado cuenta.

Mientras mi serotonina se desplomaba, silbaba la canción del partisano y descargaba libros clásicos en la Tablet para mi lucha, comenzaron las ideas propias, el “¿Por qué no?” del que habla Isaac, ese de la vida adulta que es inaudible en la juventud (¡Qué lindo hubiese sido empezar de joven!) reapareció al día siguiente y comencé con esta locura, que no es tal pero uno siente que lo toman por loco (¿Papá escribe un libro sobre Marte? ¿Y para qué? ¿Así de la nada se te dio? ¡Son ficciones!) Los grandes constructores de culturas que identifican y envanecen naciones enteras escriben ficciones. En ciertas condiciones es difícil continuar y mucho peor terminar y publicar, sobre todo cuando uno se siente un pez fuera del agua y se menosprecia en plena depresión. Pero cuando a uno lo ven contento hay apoyo, y como yo busco sanidad y vi lo difícil que es este destilado letra a letra hasta publicar, sé que voy por buen camino más allá de las críticas. Como cantaría Serrat eso de Machado, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, "Golpe a golpe y verso a verso". Y así fue que la Tablet se convirtió en mi amiga, con ella también tramité derechos y gestioné Amazon, y en un curioso enroque de tecnologías vendí con cierta angustia el tocadiscos Winco y la radio Noblex Siete mares de mi abuelo para pagar diseño de tapa, derechos, ISBN…, y estoy seguro de que él estaría orgulloso, ya que en mi infancia junto a mi abuela me regalaron un grueso diccionario dedicado y una máquina de escribir. No hay dinero para imprimir…, pero existen los eBooks y Amazon. El libro crecerá por su propio peso, será lo que deba ser o no será nada…, pero una cosa es segura, con todos mis errores y falencias no voy a detenerme, mi lucha es de por vida, y voy a pedirle encarecidamente que si nunca escribió, busque, identifique su veta pasional, “su veta Asimov” y comience a hacerlo. ¡USTED DEBE ESCRIBIR! ¿Terminó la escuela? ¡Sí puede! ¡¿Qué cosa dice?! ¡No se preocupe aprenderá en el camino! Convierta un hermoso recuerdo o una tragedia personal en un cuento, luego que lo haga pensará en otra cosa, y otra... tal vez se convierta en un libro de cuentos o un primer capítulo de su primera novela. Así que abra el Word, ponga un título y tire unas primeras palabras... ¡AHORA! Si me hace caso quizás le haya dado el mejor regalo de su vida.

Hay algo esencial e invisible, como el recurso literario del secreto, éste se esconde detrás de las letras, es algo que trasciende la calidad, la edición, la gramática, la ortografía, la semiología, el dinero, la crítica, el éxito, el fracaso y la vanidad.

Escribir es sanidad

“Hay libros que se escriben para una sola persona” J.L.Borges.

…y eso es suficiente para mí. G.G.Melies

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