Solo soy escritor porque escribo. Nunca pongo un adjetivo calificativo al lado porque eso lo tiene que hacer quien me lea.
Llega un momento en que las ganas de contar cosas, imaginarias o no, derriban mi nivel de vagancia habitual y ponen en marcha el proceso de narrar. Es superior a cualquier otra motivación. Es una necesidad que no se puede detener. Es tan fuerte que no puedo dominarla. Entonces empieza el proceso duro, difícil y apasionante, de poner en letra aquello que te está pidiendo a gritos ver la luz.
Pensar, organizar, sudar tinta, escribir, leer, releer, corregir, cambiar, quitar, añadir, todo un proceso maravilloso y absorbente que me obliga a centrar toda mi atención. Hasta que toco el libro. Vuelve entonces la tranquilidad a mi vida.
Solo soy escritor porque escribo.