Desde que tengo memoria los libros han sido mis compañeros y amigos. Mi mochila siempre pesaba el doble porque, junto a los libros de texto, los qué mi madre deseaba que yo leyera, estaban los libros que leía de verdad. Masticaba libros con una voracidad sorprendente y no uno a la vez. Solía leer tres o cuatro libros contemporáneamente, pero a mi disculpa, por haber resultado en aquel entonces un tanto asocial, tengo que decir que era una época en la cuál aún no existían los móviles y las tabletas. Mi pasatiempo favorito consistía en ir a la biblioteca y sacar cuántos más libros mi tarjeta de usuario especial me permitía. Entre tantos, ha habido libros de ciencia ficción, aunque, los qué me conocen, saben que no era una gran apasionada de este genero.
El mundo cambió, mis intereses también y vino la era de internet que me permitió de alargar muchísimos mis horizontes. Mi biblioteca se hizo enorme, la fuente de mis informaciones, que necesité por mis otros relatos, inagotable y sobretodo pude comparar mis opiniones con internautas de todo tipo. Algunos de ellos me inspiraron a tal punto que los seguí con asiduidad y gracias a sus vídeos empecé a mirar las estrellas, a fantasear sobre el Universo, el origen de la raza humana y la relevancia de otras especies en nuestro desarrollo. De allí el deseo de escribir una saga donde mis protagonistas fuesen de otros mundos.