Cartas del Diablo a Su Sobrino (Spanish Edition) - Softcover

Book 2 of 2: Cartas del diablo a su sobrino

Lewis, C. S.

  • 4.27 out of 5 stars
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9780061140044: Cartas del Diablo a Su Sobrino (Spanish Edition)

Synopsis

El eterno clásico sobre «las últimas novedades del Infierno y las irrebatibles respuestas del Cielo».

Esta clásica obra maestra de sátira ha cautivado e iluminado a lectores alrededor del mundo con su irónica y astuta representación de la vida y las debilidades humanas desde el punto de vista de Escrutopo, el asistente de alto rango de «Nuestro Padre de Abajo». En este libro divertidísimo, muy serio y excepcionalmente original, C. S. Lewis comparte la correspondencia entre el viejo diablo y su sobrino Orugario, un novato demonio encargado de asegurarse de la condena de un joven hombre. Cartas del Diablo a su sobrino es la historia más fascinante sobre la tentación  —y el triunfo sobre ella— jamás escrita.

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The timeless classic on “the latest news from Hell and the irrefutable answers from Heaven”.

This book by C.S. Lewis is a classic masterpiece of religious satire that entertains readers with its sly and ironic portrayal of human life and foibles from the vantage point of Screwtape, a highly placed assistant to ""Our Father Below."" At once wildly comic, deadly serious, and strikingly original, C.S. Lewis's The Screwtape Letters is the most engaging account of temptation—and triumph over it—ever written. Dedicated to Lewis's friend and colleague J. R. R. Tolkien, The Screwtape Letters is a timeless classic on spiritual conflict and the psychology of temptation which are part of our religious experience.

"synopsis" may belong to another edition of this title.

About the Author

Clive Staples Lewis (1898–1963) was one of the intellectual giants of the twentieth century and arguably one of the most influential writers of his day. He was a Fellow and Tutor in English Literature at Oxford University until 1954, when he was unanimously elected to the Chair of Medieval and Renaissance Literature at Cambridge University, a position he held until his retirement. He wrote more than thirty books, allowing him to reach a vast audience, and his works continue to attract thousands of new readers every year. His most distinguished and popular accomplishments include Out of the Silent Planet, The Great Divorce, The Screwtape Letters, and the universally acknowledged classics in The Chronicles of Narnia. To date, the Narnia books have sold over 100 million copies and have been transformed into three major motion pictures.

From the Back Cover

El eterno clásico sobre "las últimas novedades del Infierno y las irrebatibles respuestas del Cielo"

Esta clásica obra maestra de sátira ha entretenido e iluminado a lectores alrededor del mundo con su irónica y astuta representación de la vida y las debilidades humanas desde el punto de vista de Escrutopo, el asistente de alto rango de "Nuestro Padre de Abajo." En este divertidísimo, muy serio y excepcionalmente original libro, C. S. Lewis comparte con nosotros la correspondencia entre el viejo diablo y su sobrino Orugario, un novato demonio encargado de asegurarse de la condenación de un joven hombre.

Cartas del Diablo a Su Sobrino es la historia más atractiva acerca de la tentación -- y el triunfo sobre ella -- jamás escrita.

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.

Cartas del Diablo a Su Sobrino

By C. Lewis

HarperCollins Publishers, Inc.

Copyright ©2006 C. Lewis
All right reserved.

ISBN: 006114004X

Capítulo Uno

Mi querido Orugario:

Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo? Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo. Si hubiese vivido hace unos (pocos) siglos, es posible que sí: en aquella época, los hombres todavía sabían bastante bien cuándo estaba probada una cosa y cuándo no lo estaba; y una vez demostrada, la creían de verdad; todavía unían el pensamiento a la acción, y estaban dispuestos a cambiar su modo de vida como consecuencia de una cadena de razonamientos. Pero ahora, con las revistas semanales y otras armas semejantes, hemos cambiado mucho todo eso. Tu hombre se ha acostumbrado, desde que era un muchacho, a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías incompatibles. Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son «ciertas» o «falsas», sino «académicas» o «prácticas», «superadas» o «actuales», «convencionales» o «implacables». La jerga, no la argumentación, es tu mejor aliado en la labor de mantenerle apartado de la Iglesia. ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio, o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa.

La pega de los razonamientos consiste en que trasladan la lucha al campo propio del Enemigo: también El puede argumentar, mientras que, en el tipo de propaganda realmente práctica que te sugiero, ha demostrado durante siglos estar muy por debajo de Nuestro Padre de las Profundidades. El mero hecho de razonar despeja la mente del paciente, y, una vez despierta su razón, ¿quién puede prever el resultado? Incluso si una determinada línea de pensamiento se puede retorcer hasta que acabe por favorecernos, te encontrarás con que has estado reforzando en tu paciente la funesta costumbre de ocuparse de cuestiones generales y de dejar de atender exclusivamente al flujo de sus experiencias sensoriales inmediatas. Tu trabajo consiste en fijar su atención en este flujo. Enséñale a llamarlo «vida real», y no le dejes preguntarse qué entiende por «real».

Recuerda que no es, como tú, un espíritu puro. Al no haber sido nunca un ser humano (¡oh, esa abominable ventaja del Enemigo!), no te puedes hacer idea de hasta qué punto son esclavos de lo ordinario. Tuve una vez un paciente, ateo convencido, que solía leer en la Biblioteca del Museo Británico. Un día, mientras estaba leyendo, vi que sus pensamientos empezaban a tomar el mal camino. El Enemigo estuvo a su lado al instante, por supuesto, y antes de saber a ciencia cierta dónde estaba, vi que mi labor de veinte años empezaba a tambalearse. Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio. Dirigí mi ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había llegado a controlar mejor, y le sugerí que ya era hora de comer. Presumiblemente -- ¿sabes que nunca se puede oír exactamente lo que les dice? -- , el Enemigo contraatacó diciendo que aquello era mucho más importante que la comida; por lo menos, creo que ésa debía ser la línea de Su argumentación, porque cuando yo dije: «Exacto: de hecho, demasiado importante como para abordarlo a última hora de la mañana», la cara del paciente se iluminó perceptiblemente, y cuando pude agregar: «Mucho mejor volver después del almuerzo, y estudiarlo a fondo, con la mente despejada», iba ya camino de la puerta. Una vez en la calle, la batalla estaba ganada: le hice ver un vendedor de periódicos que anunciaba la edición del mediodía, y un autobús número 73 que pasaba por allí, y antes de que hubiese llegado al pie de la escalinata, ya le había inculcado la convicción indestructible de que, a pesar de cualquier idea rara que pudiera pasársele por la cabeza a un hombre encerrado a solas con sus libros, una sana dosis de «vida real» (con lo que se refería al autobús y al vendedor de periódicos) era suficiente para demostrar que «ese tipo de cosas» no pueden ser verdad. Sabía que se había salvado por los pelos, y años después solía hablar de «ese confuso sentido de la realidad que es la última protección contra las aberraciones de la mera lógica». Ahora está a salvo, en la casa de Nuestro Padre.

¿Empiezas a coger la idea? Gracias a ciertos procesos que pusimos en marcha en su interior hace siglos, les resulta totalmente imposible creer en lo extraordinario mientras tienen algo conocido a la vista. No dejes de insistir acerca de la normalidad de las cosas. Sobre todo, no intentes utilizar la ciencia (quiero decir, las ciencias de verdad) como defensa contra el Cristianismo, porque, con toda seguridad, ¡e incitarán a pensar en realidades que no puede tocar ni ver. Se han dado casos lamentables entre los físicos modernos. Y si ha de juguetear con las ciencias, que se limite a la economía y la sociología; no le dejes alejarse de la invaluable «vida real». Pero lo mejor es no dejarle leer libros científicos, sino darle la sensación general de que sabe todo, y que todo lo que haya pescado en conversaciones o lecturas es «el resultado de las últimas investigaciones». Acuérdate de que estás ahí para embarullarle; por cómo habláis algunos demonios jóvenes, cualquiera creería que nuestro trabajo consiste en enseñar.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO



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Excerpted from Cartas del Diablo a Su Sobrinoby C. Lewis Copyright ©2006 by C. Lewis. Excerpted by permission.
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